En gran parte de España no se concibe una fiesta popular sin utilizar animales

Los bous al carrer no son los únicos festejos populares controvertidos donde se utilizan animales para divertir a los asistentes. Existen ejemplos similares por toda la geografía española. Alguno de ellos, pese a incurrir en evidente maltrato animal, cuenta con el apoyo de las instituciones públicas. Es el caso del Toro de la Vega, un festejo taurino donde la suerte del astado no suele ser diferente a la de la mayoría de los que son utilizados en las corridas de toros. Se celebra todos los años en el municipio de Tordesillas (Valladolid) con el beneplácito del Ayuntamiento. En este torneo, los hombres suelen cabalgar portando lanzas para enfrentarse a un toro al que sueltan en terreno raso. Si el astado consigue superar las lindes del territorio, se le perdona la vida. De no hacerlo, los participantes lo sacrifican con sus lanzas.
Más común es el toro embolado, un festejo muy arraigado en el este de España. Los participantes hacen un recorrido por las calles de la localidad junto a un toro al que se le encienden previamente dos bolas de fuego en las astas. Sus defensores argumentan que los morlacos no son sacrificados y no sufren ningún tipo de castigo físico, pero las voces contrarias a estas celebraciones aseguran que se somete al animal a unos niveles de estrés muy altos y califican esta práctica de maltrato.
